Las fiestas, un amplificador emocional que revela lo más profundo de cada uno
Las fiestas pueden ser un momento de alegría y conexión, pero también pueden ser un recordatorio de la soledad y la nostalgia

Las fiestas, un amplificador emocional que revela lo más profundo de cada uno
A medida que se acercan la Navidad y el Año Nuevo, el clima social se llena de imágenes de mesas largas, brindis multitudinarios y encuentros familiares que parecen resumir todo lo que “debería” ser un año. Sin embargo, detrás de esa postal repetida hay vivencias muy distintas y diversas: desde la alegría genuina del reencuentro hasta la tristeza, la nostalgia, el duelo o la sensación de soledad.
Las fiestas funcionan como un potente amplificador emocional que impacta de manera distinta en cada persona. Especialistas en salud mental y acompañamiento emocional coinciden en que no se trata de fechas “buenas” o “malas” en sí mismas, sino de momentos que recuerdan lo vivido durante el año.
“El fin de año no es solo un cierre de calendario. Es un momento simbólico muy cargado, donde se cruzan balances personales, expectativas sociales y una fuerte presión cultural por ‘estar bien’”, explica el Mgter. Mauro Gross, coordinador de la Fundación Enjambre Red de Psicólogos.
Según señala, las fiestas “funcionan como un ‘marcador emocional’. Son momentos del año donde se junta el balance personal, las expectativas sociales y cierta presión simbólica de ‘estar bien’. Eso hace que lo afectivo se intensifique. Para muchas personas son fechas de encuentro y disfrute; para otras, de vacío, comparación o duelo”.
La compañía: calidad antes que cantidad
En el imaginario colectivo, la clave para “pasar bien” durante las fiestas parece ser la compañía. Sin embargo, los especialistas advierten que el vínculo entre estar acompañado y sentirse bien no es lineal.
“La compañía influye, pero no es el único factor. Estar acompañado no garantiza bienestar, así como estar solo no implica necesariamente malestar. Lo que sí es determinante es la calidad del vínculo, no la cantidad”, sostiene Gross.
La soledad no deseada se intensifica
Si hay una experiencia que se vuelve especialmente sensible en estas fechas, es la soledad. No solo por lo que se vive puertas adentro, sino por su contraste con el discurso social dominante.
“Todo el discurso cultural gira alrededor de la familia, la pareja, el festejo colectivo. Entonces quien pasa la fecha solo puede sentir que ocupa un lugar ‘fuera de libreto’”, explica Gross.
La coach Yicela Villavicencio coincide y amplía: “En estas fechas la expectativa colectiva es la reunión. Entonces, quien está solo siente que queda fuera de la norma”. A esto se suma que “hay menos distracciones, las rutinas cotidianas suelen alterarse y el silencio o la quietud resuenan más”.
Qué hacer cuando la fecha duele
Frente a este escenario, los especialistas coinciden en: “Primero, bajar la exigencia. No hace falta estar bien ‘porque sí’. Las emociones están para ser acompañadas, no negadas”, recomienda Gross.
Desde el enfoque ontológico, Villavicencio propone “validar lo que sentimos, validar que no hay una emoción correcta para estas fechas”. También habla de “rediseñar rituales” cuando los antiguos ya no encajan, buscar “una conexión expandida” y recurrir a prácticas corporales como la respiración consciente o el movimiento suave.
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