La verdad sobre los lácteos ‘light’: ¿son realmente saludables?
La grasa natural de los lácteos no es el enemigo, sino el procesamiento artificial y el agregado de azúcares y aditivos

En el pasado, se consideraba que consumir leche entera o yogur con grasa era un error nutricional. Sin embargo, la narrativa comienza a cambiar. La historia de María Branyas, quien vivió hasta los 117 años y consumía varios yogures enteros al día, es solo la punta del iceberg de un cambio de mirada más profundo.
El error del procesamiento
La industria láctea nos vendió la idea de que los productos ‘light’ y ‘0%’ eran más saludables, pero la realidad es que al eliminar la grasa natural, se altera la textura, el sabor y el perfil nutricional de los alimentos. Para compensar esta pérdida de sabor, muchos fabricantes recurren a azúcares, almidones, edulcorantes o aditivos, lo que resulta en un producto más procesado y potencialmente perjudicial para la microbiota intestinal y los mecanismos de regulación del apetito.
La importancia de la grasa natural
La grasa natural de la leche contiene vitaminas A y D, que son liposolubles y necesitan la grasa para ser absorbidas por el cuerpo. Al eliminar la grasa, se pierden estas vitaminas esenciales. Además, la matriz láctea, que es la estructura compleja que envuelve la grasa natural de la leche, parece modular positivamente la manera en que nuestro cuerpo procesa el colesterol.
El efecto rebote metabólico
Los edulcorantes, frecuentes en los yogures desnatados, envían una señal dulce al cerebro sin aportar energía real, lo que puede confundir al metabolismo y favorecer una respuesta más ‘ahorradora’, preparando al organismo para almacenar con mayor eficacia la energía que llega después.
En resumen, la grasa natural de los lácteos no es el enemigo, sino el procesamiento artificial y el agregado de azúcares y aditivos. La clave es priorizar alimentos reales y evitar los ultraprocesados cargados de azúcares, sodio y aditivos.
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