Estados Unidos ataca instalaciones iraníes en el estrecho de Ormuz con bombas de alta penetración
El ataque a instalaciones iraníes en el estrecho de Ormuz es el último capítulo de la escalada de tensión en la región
La tensión en el Golfo Pérsico sube un escalón más. Estados Unidos lanzó un ataque aéreo contra posiciones iraníes cerca del estrecho de Ormuz, utilizando bombas antibúnker de alta penetración. El objetivo: destruir instalaciones de misiles que ponían en riesgo la navegación internacional.
Según fuentes militares, el operativo se realizó con «múltiples municiones de 5.000 libras» diseñadas para perforar estructuras reforzadas y eliminar amenazas profundamente enterradas. Estas armas fueron utilizadas para destruir instalaciones consideradas esenciales por el ejército iraní para el control del paso marítimo.
La acción militar se produce en un momento de máxima tensión en la región, marcada por el cierre temporal del estrecho de Ormuz decretado por Irán desde el 15 de marzo. Esta vía marítima es vital para la economía global, ya que por él circula alrededor del 20% del comercio mundial de petróleo.
El ataque estadounidense se llevó a cabo pocas horas después de que las autoridades iraníes confirmaran la muerte de Ali Larijani, jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, en un bombardeo israelí. El operativo formó parte de una estrategia más amplia para contrarrestar la amenaza de misiles y minas navales desplegadas por Irán a lo largo de su costa.
Estados Unidos sostiene que la presencia de estos arsenales, especialmente los misiles antibuque, constituye un peligro latente para buques comerciales y petroleros que atraviesan el estrecho de Ormuz. La destrucción de los sitios fortificados supone, según fuentes militares, una reducción significativa de la capacidad de Irán para obstaculizar el flujo de hidrocarburos hacia los mercados globales.
La ofensiva estadounidense también respondió a la negativa de varios aliados, principalmente países de la OTAN, a sumarse a una operación internacional para garantizar la libre circulación en el estrecho. El presidente Donald Trump había criticado recientemente la falta de apoyo de sus socios y reiterado que Estados Unidos actuaría de manera unilateral si era necesario para proteger el tránsito marítimo y la estabilidad económica mundial.
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