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La noche más oscura del Everest: la tragedia que cambió la historia del alpinismo

La noche más oscura del Everest: la historia de la tragedia que cambió la historia del alpinismo

El Monte Everest, la cumbre más alta del planeta, ha sido durante décadas un desafío irresistible para alpinistas de todo el mundo. Sin embargo, el 10 de mayo de 1996, la montaña se convirtió en escenario de una de las mayores tragedias del alpinismo, cuando 15 experimentados escaladores perdieron la vida en una tormenta inesperada.

La temporada de primavera de ese año había comenzado con gran expectación, ya que cerca de 40 personas intentaban alcanzar y descender de la cima del Monte Everest. Sin embargo, la falta de cuerdas fijas en la ruta y el hacinamiento en la ladera sur, con 33 personas intentando llegar a la cima por un sendero angosto, agravaron la situación.

La tormenta sorprendió a tres expediciones, dos comerciales y una taiwanesa, que se retrasaron varias horas por la falta de cuerdas fijas en la ruta. El clima era comparable a un huracán y la sensación térmica era insoportable, según relató Jon Krakauer a la revista Time. No tenías oxígeno, te faltaba el aire y no podías pensar.

Ocho alpinistas murieron durante el descenso ese mismo día, entre ellos los directores y guías de montaña de las compañías Adventure Consultants y Mountain Madness, Rob Hall y Scott Fischer. La tragedia puso en evidencia los límites del alpinismo comercial y abrió un fuerte debate sobre las condiciones y la seguridad en las expediciones guiadas.

Entre los protagonistas de la tragedia se encontraba Anatoly Boukreev, considerado en ese momento uno de los ochomilistas más fuertes del mundo. Boukreev decidió ascender sin utilizar oxígeno suplementario mientras guiaba y abría huella para su grupo, una determinación que generó controversia. En su libro The Climb, Boukreev sostuvo que su deber era estar preparado para intervenir en el rescate, lo que le llevó a descender antes al Collado Sur para preparar líquidos y mantenerse alerta.

A pesar de las críticas, Boukreev logró salvar la vida de tres personas esa noche, aunque su proceder fue motivo de debate entre los especialistas y dentro de la propia comunidad de montaña. Las diferentes perspectivas acerca de cómo debe actuar un guía en altitud salieron a la luz durante la tragedia. Boukreev defendía que los alpinistas debían estar preparados física y mentalmente para afrontar el desafío, y que ningún pago podía garantizar el éxito ni la seguridad absoluta en esas condiciones extremas.

En contraste, Rob Hall representaba el modelo de guía que asumía la responsabilidad máxima por sus clientes. De nacionalidad neozelandesa, Hall había escalado el Himalaya a los 19 años y a los 20 ya había establecido un récord de velocidad en el Monte Cook. Para 1990, ascendió el Everest por primera vez y ese mismo año completó el desafío de las Siete Cumbres. En la fatídica jornada, Hall lideraba un grupo de ocho clientes y dos guías adicionales que buscaban alcanzar la cima.

La tragedia del Everest de 1996 cambió la historia del alpinismo, ya que puso en evidencia los riesgos y los límites del alpinismo comercial. La falta de cuerdas fijas en la ruta, el hacinamiento en la ladera sur y la falta de preparación de algunos alpinistas contribuyeron a la tragedia. Sin embargo, la historia de Rob Hall y Anatoly Boukreev también nos recuerda la importancia de la preparación, la experiencia y la responsabilidad en el alpinismo.

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