La temperatura del agua en la comida: ¿Por qué Asia lleva siglos sin poner hielo y la ciencia lo respalda?
La temperatura del agua en la comida puede afectar nuestra digestión y la ciencia lo explica

El otro día una amiga me comentó una peculiaridad que observó durante un viaje reciente a China: el vaso de agua helada en la mesa es casi una rareza. En su lugar encontrarás una tetera con té verde, un cuenco de caldo, o simplemente nada frío. Durante siglos, en buena parte de Asia, beber líquido frío durante la comida ha sido una excentricidad más propia de Occidente que de allí.
La temperatura del agua que bebemos mientras comemos no es un detalle menor. Afecta a los movimientos del estómago, al ritmo al que se vacía, a cómo se comporta la musculatura del aparato digestivo. Y la ciencia, aunque con matices importantes, empieza a darle la razón a lo que millones de personas en Asia llevan practicando desde hace milenios.
El debate sobre la temperatura del agua
El debate sobre la temperatura del agua lleva siglos instalado en la medicina oriental. Occidente acaba de empezar a tomárselo en serio. Los estudios sobre motilidad gástrica apuntan en una dirección incómoda: el vaso de agua con hielo puede estar saboteando tu digestión sin que lo sepas.
Antes de entrar en la fisiología, hay que entender cómo este debate ha llegado a Occidente. No ha sido a través de un congreso médico ni de una revista científica. Ha llegado, como tantas otras cosas, por TikTok. El fenómeno se conoce como Chinamaxxi o Becoming Chinese: una corriente viral en la que miles de personas occidentales adoptan hábitos de vida de la cultura china, entre ellos el de beber agua caliente.
La explicación fisiológica
La temperatura de los líquidos afecta directamente a la motilidad gástrica, es decir, a los movimientos musculares del estómago que impulsan la digestión. Las bebidas frías pueden ralentizar ligeramente el vaciado gástrico y contraer los vasos sanguíneos del estómago, lo que en personas sensibles puede resultar pesado. Los líquidos calientes, como caldos o infusiones, tienen un efecto relajante en la musculatura lisa del estómago.
La ciencia conecta bastante bien con lo que la medicina tradicional china y el Ayurveda llevan siglos diciendo, aunque con lenguajes completamente distintos. En China, Japón y buena parte del sudeste asiático, es habitual acompañar las comidas con té caliente o sopa. No es una moda ni una tendencia reciente: es parte de la estructura de la comida.
El límite que nadie debería cruzar
Hay un punto en el que el consejo de beber caliente se convierte en un riesgo real, y conviene señalarlo con claridad. Consumir bebidas a más de 65 °C de forma habitual está asociado a un mayor riesgo de cáncer de esófago, según la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), además de dañar los tejidos de la boca y quemar las papilas gustativas.
La tetera lleva siglos en la mesa. Solo faltaba que la ciencia se sentara a comer con ella. La pregunta es qué dice exactamente la ciencia cuando se pone a analizar qué ocurre en el estómago según la temperatura de lo que bebemos. La respuesta es que la temperatura ideal es tibia o reconfortantemente caliente, nunca humeando.
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