El error de heredar zapatos: ¿Por qué la biomecánica y la podología desaconsejan esta práctica común?
La práctica de heredar zapatos puede tener consecuencias negativas para la salud de los pies y la biomecánica de los niños

En numerosas familias, es común que los hermanos mayores pasen sus zapatos a los menores cuando ya no les caben. Esta práctica puede parecer una excelente forma de ahorrar dinero y reducir el desperdicio. Sin embargo, la realidad es que heredar zapatos puede tener consecuencias negativas para la salud de los pies y la biomecánica de los niños.
La clave del problema radica en la adaptación que el zapato sufre con el uso. Cada persona tiene una forma única de caminar y distribuir su peso, lo que hace que el calzado se moldee a su patrón de marcha específico. Cuando un segundo niño utiliza el mismo zapato, su pie se ve forzado a adaptarse a una horma y unas inclinaciones que no son las suyas, lo que puede provocar problemas biomecánicos, lesiones tendinosas y musculares, así como ampollas y rozaduras.
Los expertos en podología pediátrica desaconsejan el calzado de segunda mano debido al riesgo de infecciones. Los zapatos cerrados que han acumulado sudor y humedad facilitan la transmisión de patógenos cutáneos, especialmente dermatofitos, que causan el pie de atleta. Aunque no existen ensayos clínicos al respecto, la evidencia directa proviene de guías clínicas y del consenso de especialistas, como el documento Children’s Footwear Advice de la Suffolk Podiatry Paediatrics.
La biomecánica infantil es un factor crucial en este tema. Los estudios han demostrado que el calzado modifica los parámetros de la marcha infantil, incluyendo la velocidad, la longitud del paso, los rangos de movimiento del tobillo y la rodilla, y el patrón de impacto. Un metaanálisis publicado en 2011 concluyó que los zapatos afectan irremediablemente a la marcha de los niños. Otros trabajos experimentales más recientes, como un estudio publicado en Gait & Posture en 2023, han demostrado cómo las alturas asimétricas en el calzado inducen cambios reactivos en la cinemática de la marcha y en la activación muscular.
La prueba del algodón para determinar si un zapato puede heredarse reside en su uso residual. Los expertos en ortopedia infantil y podología establecen como excepción el calzado que ha tenido un uso mínimo. Por ejemplo, unos zapatos para una boda que se han usado una tarde o unas botas de agua que el niño se puso apenas tres veces antes de que le creciera el pie, pueden ser heredados siempre y cuando no haya signos de adaptación a la pisada previa.
En resumen, aunque heredar zapatos puede parecer una práctica económica y ecológica, es importante considerar las posibles consecuencias para la salud de los pies y la biomecánica de los niños. La mejor opción es optar por calzado nuevo que se adapte perfectamente a cada pie, evitando así problemas futuros y garantizando una marcha saludable.
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