Cómo armar una mochila de emergencia para 72 horas y estar preparado ante cualquier eventualidad
Todo lo que necesitás saber para crear un kit de supervivencia que te acompañe durante tres días sin servicios esenciales

Ante la posibilidad de una evacuación repentina o de quedarte sin luz, agua y comunicación, contar con una mochila de emergencia preparada para 72 horas puede marcar la diferencia entre la incomodidad y la seguridad. La propuesta, popularizada en redes por el perfil de Instagram Turro Táctico, reúne los elementos básicos que cualquier cordobés puede ir acumulando sin gastar una fortuna.
Qué incluye el kit según la normativa nacional
El Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo (SINAGIR) establece que un bolso de emergencia debe contener documentación, agua potable, alimentos no perecederos, un botiquín, linterna con pilas de repuesto, radio a pilas, power bank, medicamentos personales, dinero en efectivo, llaves, artículos de higiene, ropa de abrigo y una manta térmica. Cada uno de esos ítems responde a una necesidad concreta: hidratarse, alimentarse, mantenerse informado y proteger la salud.
Cómo organizar los contenidos sin caer en la lista
En vez de enumerar cada objeto, pensá la mochila como una serie de compartimentos. En el bolsillo frontal guardá la documentación importante dentro de una bolsa hermética: DNI, títulos de propiedad, pólizas y cualquier receta médica. En la sección central, colocá botellas de agua reutilizables y alimentos de larga vida, como latas de atún, barras de cereal o arroz precocido, que no requieran refrigeración.
En el lateral izquierdo, reservá espacio para el botiquín de primeros auxilios, con vendas, antisépticos, analgésicos y cualquier medicamento que necesites de forma regular. Unos minutos después, añadí la linterna, el radio y el power bank, junto con sus pilas de repuesto, para garantizar la comunicación y la visibilidad en caso de apagón.
En el compartimento inferior, poné ropa de abrigo, medias y una muda de ropa interior, todo en bolsa plástica para evitar la humedad. Una manta térmica enrollada completa la protección contra el frío, mientras que un silbato y una herramienta multiuso se convierten en aliados para pedir ayuda o improvisar reparaciones.
Dónde guardarla para que sea accesible
La mochila debe estar en un lugar visible y fácil de agarrar, cerca de una salida de la vivienda pero sin bloquear pasillos ni escaleras. Es fundamental que todos los miembros de la familia sepan dónde está y qué contiene; de paso, podés incluir una breve hoja con el inventario y la fecha de la última revisión.
El peso importa, pero la practicidad es la clave
Una mochila demasiado cargada se vuelve un obstáculo. Lo ideal es que una persona promedio pueda cargarla durante al menos una hora sin perder el ritmo. Probá el peso en una caminata corta: si sentís que algo sobra, evaluá si realmente lo necesitás en una emergencia. La idea es encontrar el equilibrio entre seguridad y movilidad.
Mantenimiento periódico y adaptaciones según el riesgo
Revisá el contenido al menos una vez al mes. Cambiá los alimentos que estén próximos a vencerse, recargá las baterías, verificá que los sellos de las botellas de agua estén intactos y actualizá la documentación si cambió algún dato. Además, adaptá la mochila al tipo de amenaza que sea más probable en tu zona: si vivís en una zona propensa a inundaciones, priorizá filtros de agua y bolsas impermeables; si los cortes de energía son frecuentes, aumentá la cantidad de cargadores y baterías.
Primeros pasos para armar tu kit
Si todavía no tenés nada, empezá con lo esencial: agua, alimentos no perecederos, linterna, botiquín, medicamentos personales, documentos, una manta y ropa de abrigo. Luego, sumá poco a poco los elementos complementarios, como el radio, el power bank y la herramienta multiuso. Ir construyendo el kit de forma gradual permite distribuir el gasto y asegurarse de que cada artículo sea realmente útil.
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