Europa arde: Francia e Italia sacan a los militares a la calle tras una ola de saqueos y violencia
Los gobiernos de Francia e Italia recurren a las fuerzas armadas para frenar el caos social derivado de la crisis económica.

El escenario europeo se tiñó de tensión esta semana cuando Francia e Italia decidieron barajar la carta más fuerte: el despliegue de tropas militares en sus principales urbes. La decisión no fue menor, sino una respuesta directa a una escalada de violencia callejera que desbordó a las fuerzas de seguridad tradicionales. En Italia, Giorgia Meloni ordenó el envío de 500 soldados adicionales a Milán, mientras que en Francia, el primer ministro Sébastien Lecornu prometió un despliegue «masivo» de agentes para contener las nuevas movilizaciones previstas para el sábado. La chispa de este incendio social fue el aumento del costo de vida, que terminó en saqueos, incendios y enfrentamientos directos.
La situación en Milán es crítica. Los disturbios del fin de semana dejaron un saldo grave: cerca de 200 agentes heridos y daños materiales que superan el millón de euros. El Gobierno italiano no solo reforzó la presencia militar hasta fin de año, sino que endureció la ley. Se creó un delito específico para la participación violenta en manifestaciones, con penas de hasta cinco años de cárcel. Además, se estableció que si un menor rompe algo, la responsabilidad legal recae sobre sus padres. Meloni fue tajante en su comunicación: «Devastar y robar no es protesta, es criminalidad». La dureza de la respuesta estatal contrasta con la identificación de 330 personas, muchas de ellas extranjeras, donde el menor tenía apenas 11 años.
En Francia, el panorama es igualmente volátil. A seis meses de las elecciones presidenciales que definirán el sucesor de Emmanuel Macron, los episodios de violencia en París, Marsella y Lyon fueron de los peores en años. La gravedad de los hechos llevó a potencias como Estados Unidos, China y Alemania a emitir advertencias de viaje para sus ciudadanos. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, pidió disculpas públicas admitiendo que la policía «había perdido el control», aunque Macron rechazó su renuncia. Ahora, con toques de queda parciales en plazas clave como la República y Les Halles, las autoridades buscan evitar que la situación se desborde nuevamente.
Esta movida no es aislada. El malestar por el encarecimiento de los combustibles y la canasta básica se extendió a Bélgica y Albania, donde las protestas se vuelven más frecuentes. En Albania, los manifestantes ya llevan siete días en las calles de Tirana. El ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, describió lo ocurrido como una «guerra híbrida» impulsada por redes sociales, sugiriendo que hay una orquestación digital detrás del caos físico. Mientras tanto, Donald Trump aprovechó la crisis para atacar la inmigración, aunque los analistas locales señalan que el factor principal de la violencia es la economía, no la demografía.
La imagen de helicópteros sobrevolando las ciudades a medianoche y la prohibición de portar bidones de combustible en París marcan un nuevo capítulo en la seguridad europea. No se trata solo de contener a los saqueadores, sino de redefinir el margen de maniobra entre el derecho a la protesta y el orden público. Para el lector, la señal es clara: la estabilidad social en Europa está bajo presión y el Estado está dispuesto a usar la fuerza militar si la policía no alcanza. El sábado será la verdadera prueba de fuego para ambos gobiernos.
Explora más noticias en nuestra sección: Mundo





