Rodrigo Paz celebra su primer año al frente de Bolivia entre ajustes y reconfiguración del poder
A un año de gobierno, Rodrigo Paz recupera autoridad tras escándalos y cambios institucionales.

En la recta final del primer año de mandato, el presidente Rodrigo Paz afronta la evaluación de su gestión en Bolivia. Tras doce meses de gobierno, el escenario político muestra señales de alivio en medio de un desgaste que había mermado su imagen.
Escándalos que sacudieron la reputación
Los últimos meses estuvieron marcados por una serie de escándalos que golpearon la credibilidad de la administración. La presión mediática y la reacción de la ciudadanía provocaron una caída notable en las mediciones de escucha digital, reflejando una pérdida de confianza que el gobierno tuvo que contrarrestar.
Movimientos en la estructura judicial
En respuesta a la crisis de legitimidad, se activaron cambios en la arquitectura judicial del país. Estas maniobras, aunque descritas de forma genérica en los comunicados oficiales, apuntaron a restablecer la autoridad del Ejecutivo y a ofrecer una percepción de mayor control institucional.
Reconfiguración de las fuerzas de poder
Paralelamente, la administración impulsó una reconfiguración de las fuerzas de poder, reorganizando alianzas y redistribuyendo cargos estratégicos. Este proceso, señalado por analistas como una “bocanada de aire”, buscó devolver al presidente la capacidad de mando que se había visto comprometida.
Una capacidad de mando recuperada
El conjunto de ajustes económicos, judiciales y políticos ha permitido que el gobierno de Paz recupere, al menos en apariencia, la autoridad necesaria para avanzar en su agenda. La percepción de un liderazgo renovado se traduce en una mayor disposición de los actores institucionales a colaborar, aunque el desafío de consolidar esa confianza sigue latente.
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