Tras el desastre nuclear ocurrido en Chernobyl, la zona de exclusión se convirtió en el paraíso elegido de la vida silvestre.

La historia reciente fue testigo de los estragos en la vida humana que provoca la energía nuclear mal utilizada.

Un ejemplo claro lo tenemos en el accidente nuclear corrido en Chernobyl.

La explosión del reactor nuclear en Ucrania, ocurrido en 1986, conmocionó al mundo entero.

La contaminación, en forma de radiación, invadió cada espacio que alguna vez fuera habitable.

De las 190 toneladas de Uranio que contenía la planta, el 30% quedó flotando en la atmósfera.

El desastre fue de dimensiones inimaginables, tan fuerte solamente miles de años podrán reparar.

Por lo menos esa fue la evaluación que hicieron los especialistas.

Sin embargo, en las últimas fechas ocurrió un hecho sin precedentes que puede cambiar el curso de la historia.

De a poco, los animales empezaron a tomar la zona como propia.

La vida empezó de nuevo a pesar de todos los pronósticos adversos y de los altos niveles contaminantes.

Especies que nunca vivieron ahí también prosperan en armonía salvaje.

Serhiy Hashchak, uno de los investigadores que documenta la vida en Chernobyl, da constancia del evento.

De manera jocosa, advierte que hasta el momento no se encontró con ningún mutante.

La experiencia cobra relevancia ya que permite constatar los efectos de la radiación en animales.

En apariencia, las bestias conviven como en cualquier otro ambiente.

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