Clayfighter 63 1/3: cuando la plastilina de Interplay intentó noquear a Street Fighter y acabó en el cubo de reciclaje

En el año 1997, el género de los juegos de lucha estaba en plena ebullición. Las terceras entregas numeradas de Street Fighter y Tekken estaban en los salones arcade, mientras que Mortal Kombat 4 daba el salto a las 3D. En ese contexto, Interplay lanzó Clayfighter 63 1/3 para la Nintendo 64, un juego que prometía ser la alternativa más divertida y surrealista al género.
La receta: personajes de plastilina y humor surrealista
Pese a su nombre, Clayfighter 63 1/3 no era una secuela de un juego anterior, sino un proyecto nuevo que llegó a la N64 después de la cancelación del Clayfighter 3 para la 3DO M2. El juego prometía ser una fiesta de creatividad con luchadores hechos de plastilina, animados por stop-motion y digitalizados de manera similar a los actores de Mortal Kombat. El humor surrealista y la jugabilidad se unían para crear una experiencia única en el género.
Escenarios y mecánicas que se quedaron en plastilina blanda
El problema es que la ejecución del juego fue un caos. Las animaciones rígidas, los escenarios que bloqueaban la acción y un sistema de combate que hacía que incluso Mortal Kombat Trilogy pareciera coreografía de Broadway, convirtieron a Clayfighter 63 1/3 en un título que no funcionaba.
¿Buen juego de lucha o chiste fallido?
La versión «Sculptor’s Cut», exclusiva de Blockbuster en 1998, añadió más rarezas como un Santa Claus obeso y un «Hobo Cop» que parecía salido de un sketch de Saturday Night Live. Hoy esa edición es una de las más raras y valiosas del catálogo de N64.
La jugabilidad pobre y el diseño caótico
El juego intentaba innovar con escenarios divididos en múltiples habitaciones, pero en la práctica, los objetos 3D bloqueaban la visión y obligaban a los jugadores a pulsar botones al azar. El sistema de combos parodiaba a Killer Instinct, pero la ejecución era tan torpe que la broma se volvía contra el propio juego.
Un juego de culto, pero no un buen juego de lucha
Clayfighter 63 1/3 es recordado más como curiosidad histórica que como buen juego. Su humor absurdo y estética de plastilina le dieron personalidad, pero la jugabilidad pobre, las animaciones rígidas y el diseño caótico lo condenaron a ser un título de culto… por lo malo. A pesar de todo, Clayfighter 63 1/3 ganó un lugar en la memoria colectiva como el ejemplo perfecto de cómo la comedia no siempre salva a un mal videojuego.
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