Cruz del Eje

Existe un camino sobre la Ruta Nacional 38 que lleva a la cuenca del sol, se llama Cruz del Eje y hoy te invito a recorrerlo en palabras.

Cruz del Eje es uno de esos pueblos que tienen la fortuna de trascender los tiempos.

Ahí, el sol cala fuerte pero también es generoso con los olivos y las uvas.

De cruz del Eje recuerdo la tonada que suena a canción, la sonrisa amable, la isla de los patos y el camino al dique.

Existe un río que divide y congrega; una vía de tren sin estación y tantos recuerdos que hicieron historia.

Podríamos hablar de los hijos pródigos y nos quedaríamos tan cortos al mencionar a presidentes, historiadores, cantantes o poetas.

Se dice que Cruz del Eje es una ciudad que se hizo pueblo pero yo creo que es un pueblo que vive en muchas ciudades.

No existe cruzdelejeño alguno que no sienta amor por el terruño, se lleva en la sangre y la distancia lo incrementa.

Cuentan que una vez se corrió la voz de la rotura del dique que movilizó a la población entera.

Existe un corto que lo relata y en las casa de familia se confirman los testimonios.

Ese día, el pueblo salió a las calles, inundando las veredas, corriendo hacia la loma.

Algunos rezaban, otros lloraban y había quienes cargaban las pertenencias en las chatas.

La tragicomedia fue real, casi un haiku de la vida ausente de sol.

Si alguna vez transitás por la Ruta Nacional 38, ingresá al pueblo, recorré sus calles.

Encontrarás lugares que guardan el alma del pueblo y si querés saber un poco más hablá con cualquier lugareño que cariñosamente te dirá “mi’jo” y acto seguido te contará sus recuerdos.

Visitá la costanera, tomá un helado en Broni, desayuná en El Premier o comé una buena porción de milanesa en el Munich y después hablamos.

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