Tras los violentos disturbios ocasionados por los simpatizantes de Donald Trump, el Congreso de EE.UU. reconoce la victoria de Joe Biden.

Luego de que los fanáticos de Trump irrumpieran en el Capitolio, los congresistas reconocieron a Joe Biden como el nuevo presidente.

Una tarde de disturbios, violencia y muerte se registró el día de ayer antes de que se conociera el triunfo de Biden.

La trifulca se desencadenó después de que Donald Trump pidió a sus votantes que salieran a las calles para manifestarse.

Ataviados como vikingos algunos, armados otros, todos los que siguieron el llamado se hicieron presentes e el Capitolio.

Ahí se armó una especie de batalla campal que demostró las debilidades del gobierno norteamericano.

Las distintas lecturas que se hacen sobre lo sucedido apuntan al trato desigual que realiza la policía.

Si se trata de las minorías, la represión es arrolladora, pero si los manifestantes son blancos y republicanos, la historia cambia.

Ayer se vivió una demostración de la derrota de la democracia y de la ilusión del sueño norteaméricano.

El país que enarbola la bandera de la libertad, del derecho y de las instituciones fue derrocado.

En su lugar, una horda de enfurecidos que no reconocen los derechos del otro ganaron la batalla.

Lo sucedido en Estados Unidos instala un precedente negativo en la historia del país que no podrá revertir las palabras e intentos de juicio político que lancen los políticos.

Hoy, Joe Biden es reconocido por un Congreso débil, sin poder de decisión y amedentado por un aprendiz de dictador.