Salud

El Embarazo Invisible: Cómo la Pregorexia Afecta a Miles de Mujeres en Silencio

La pregorexia, un trastorno alimentario que afecta a una de cada veinte mujeres embarazadas, puede tener graves consecuencias para la salud de la madre y el bebé

El embarazo es una etapa de gran cambio y transformación en la vida de una mujer. Sin embargo, para algunas, este período puede convertirse en un escenario perfecto para reactivar o desencadenar un trastorno alimentario, conocido popularmente como pregorexia. Esta condición, aunque no es un diagnóstico oficial, describe una realidad cada vez más visible: la obsesión por controlar el peso en un momento en el que el cuerpo cambia de forma inevitable.

Los expertos advierten que alrededor de una de cada veinte mujeres lo sufre durante la gestación, muchas veces en silencio. La psiquiatra Megan Galbally lo resumía en la BBC con una imagen demoledora: “Es como estar en un tren del que no puedes bajarte”. Esa es la esencia del problema: el cuerpo avanza y la mente intenta frenarlo.

La presión invisible de engordar es uno de los factores clave que contribuyen a este trastorno. El embarazo obliga a algo que un trastorno alimentario lleva años combatiendo: ganar peso. Y ahí está la bomba. La psicóloga clínica Gemma Sharp lo llama sin rodeos “la tormenta perfecta para un trastorno alimentario”. Hormonas, insomnio, cambios metabólicos, emociones a flor de piel y una transformación física acelerada concentran en pocos meses lo que en otras etapas ocurre durante años.

Más del 70% de las mujeres embarazadas o en posparto dicen sentirse incómodas con su imagen corporal. El problema es que cuando esa incomodidad se convierte en restricción, purgas o ejercicio obsesivo, muchas ni siquiera se atreven a decirlo. La instructora de yoga Courtney Louise lo cuenta con crudeza: “El posparto fue mentalmente muy doloroso para mí. Sentía tanta rabia que me iba al coche a gritar. Me sentía atrapada”. Esa sensación de encierro explica por qué un 13% de las madres en posparto cumplen criterios clínicos de trastorno alimentario.

El coste físico para madre y bebé es alarmante. Cuando falta nutrición, el cuerpo materno prioriza al feto y empieza a sacrificar sus propios recursos. Eso puede traducirse en pérdida muscular, deterioro óseo, anemia y complicaciones graves. Los estudios muestran que anorexia y bulimia casi duplican ciertos riesgos durante el embarazo: sangrados, vómitos severos, abortos espontáneos, bajo peso al nacer y partos prematuros.

La recuperación también puede empezar aquí. Los expertos insisten en que este momento también puede ser una oportunidad única para sanar. El embarazo, precisamente porque pone en juego dos vidas, puede convertirse en una motivación poderosa para romper el ciclo. La clave, cuentan, es apoyo temprano, sin juicio y coordinado entre obstetras, nutricionistas y psicólogos. Linda Shanti lo resume de forma perfecta: “Todo el mundo tiene un trastorno alimentario a solas, pero nadie se recupera a solas”. Dicho de otra forma, el secreto mantiene viva la enfermedad, y compartirla puede empezar a desmontarla.

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