Marcha

Las manifestaciones de rechazo contra el actual gobierno de Bulgaria tienen como protagonistas a jóvenes que toman las calles.

Están en primera fila de las manifestaciones organizadas contra el gobierno de Boiko Borisov desde hace 15 días en Bulgaria.

Son jóvenes formados en el extranjero que piden un cambio en un país que consideran corroído por la corrupción.

Se llaman Krassimir o Mirela, han estudiado o trabajado en Alemania, Países Bajos o Estados Unidos y bajan a la calle a manifestarse con sus bicicletas y los carritos de sus bebés.

“La corrupción forma parte del sistema de tal manera que para cambiar las cosas hace falta más que la alternancia política”, dice a la AFP Krassimir, de 29 años, que trabaja en el sector financiero.

“Casas compradas por un puñado de monedas, sobornos… los dirigentes pecan de falta de moral”, dice Mirela Yotova, una ingeniera de 30 años. “Son insolentes y se limitan a dar lecciones”, dice Pasko Paskov, de 34 años, que dirige una empresa de programas informáticos, tras haberse formado en Estados Unidos.

Un gobierno sobrepasado

En Sofía, el gobierno de coalición entre el conservador Boïko Borissov y dos formaciones nacionalistas es “incapaz de seguir las prioridades de Bruselas”, lamenta el eurodiputado Radan Kanev, que se opone al ejecutivo.

“Nuevas tecnologías, economía verde… el gobierno se ve sobrepasado por todo eso”, lamenta, subrayando que su generación, sin embargo, está perfectamente preparada para asumir estos desafíos.

A diferencia del electorado de Borissov, de edad avanzada y poco orientado hacia el extranjero, los búlgaros más jóvenes y con estudios dominan varias lenguas y ven bien las diferencias entre su país y las oportunidades en el extranjero.

“Hay un abismo entre Bulgaria y Países Bajos, por ejemplo, en lo referente a reformas y valores”, dice, con cierta amargura, Evgueni Martchev, que estudia Derecho en La Haya y fue herido por la policía en una manifestación en Sofía.

Krassimir también sufre cuando compara sus experiencias en Países Bajos, donde estudió. “Allá, los funcionarios están para servir a los ciudadanos y no al contrario”, dice.

Según la socióloga Evelina Slavkova, esta generación de veinteañeros y treintañeros búlgaros no pide un alza de salarios como han reclamado tradicionalmente las manifestaciones en el país. “La mayoría persigue un ideal”, apunta.

Nuevas generaciones

La pandemia del coronavirus y el parón que ha generado en la economía búlgara hicieron estallar una cólera que se incubaba hacía tiempo porque los jóvenes sienten que el Estado no les da nada.

“Quieren participar en la vida pública”, dice el antropólogo Haralan Alexandrov, “pero descubren que el ascensor social está bloqueado”. “No están representados en política y buscan su lugar”, corrobora la socióloga Boriana Dimitrova.

“Las nuevas tecnologías se asfixian bajo el peso de la burocracia”, lamenta Pasko Paskov. “Nos hemos formado, trabajamos, pagamos nuestros impuestos y estamos hartos. Nada ha cambiado desde que nacimos”, dice Mirela Yotova. “Solo tenemos ganas de irnos”, agrega.

Y justamente, debido a la fuga de cerebros, Bulgaria perdió más de dos millones de habitantes desde la transición en 1989 hacia la economía de mercado. Ahora, tiene 6,95 millones de habitantes.

Boïko Borissov afirma que quiere llevar a cabo una gran reforma en su gobierno y desearía que la diáspora pueble regiones siniestradas, pero “hará falta un gran cambio para que los jóvenes vuelvan”, apunta Galina Hristova, de 60 años.

La mujer lleva de la mano a su nieta, que solo ve a sus padres “por Skype”, ya que tuvieron que irse al extranjero a ganarse la vida.

Fuente: afp.com