El Spanish Drácula, una historia de cine clásico y sombras paralelas

En los albores del cine sonoro, la Universal Pictures estrenó su icónica versión de Drácula en el año 1931. Sin embargo, mientras Bela Lugosi dormía durante el día, otro Drácula cobraba vida en la oscuridad de los estudios. Se trata de la enigmática y olvidada Spanish Dracula, una joya del cine clásico que resucita cuando la historia lo requiere para reclamar su merecido lugar en el cine de terror.
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La Universal Pictures optó por una solución ingeniosa para conquistar los mercados internacionales: filmar versiones multilingües de sus películas, utilizando los mismos sets, guiones adaptados y, en ocasiones, incluso el mismo vestuario. De este modo, la Spanish Dracula fue rodada de noche y en los mismos escenarios que la versión de Tod Browning, mientras la mayoría del elenco original descansaba.
Una Producción Nocturna. Un Drácula con Alma Latina
A diferencia de la versión estadounidense de Drácula, la de Lugosi, la película rodada con acento neutro para los hispanoparlantes se atrevió con planos más largos, movimientos de cámara más fluidos y una iluminación más expresiva. El director de fotografía George Robinson jugó con las sombras y las texturas para crear una estética más gótica y sensual.
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La Spanish Dracula fue rodada en tan solo 28 noches, desde el 10 de octubre de 1930 hasta el final del mes. El director George Melford, que no hablaba español, se apoyó en su equipo y en la actriz Lupita Tovar (Eva, equivalente a Mina), quien más tarde recordaría que el rodaje nocturno confería a la película una atmósfera aún más inquietante.
La Spanish Dracula fue una rareza condenada al olvido durante décadas. No fue hasta los años 70, cuando una copia fue redescubierta en un almacén de Nueva Jersey, que reflotó su popularidad. Otra copia fue hallada en la Cinemateca de Cuba, y se restauró y distribuyó en formato VHS a partir de 1992.
En 2015, la Spanish Dracula formó parte de la selección de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos para su preservación en el Registro Nacional de Cine. Y no solo por su valor cultural, sino por sus hitos estético.
Este Halloween, cuando las sombras se alarguen y los susurros del pasado se cuelen por las rendijas, recuerda que hubo un Drácula que hablaba español, que seducía con acento latino y que, durante décadas, esperó en la oscuridad su momento para volver a morder.
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