Conflicto

La escalada de violencia entre Israel y Palestina está llegando a un extremo que anticipa un conflicto bélico de mayor escala.

Con cientos de heridos y más de 70 personas muertas, israelíes y palestinos resuelven diferencias irreconciliables.

En la historia de la humanidad, la religión siempre fue el motivo preferido para matar, exterminar y destruir al otro.

Un claro ejemplo lo tenemos en el enfrentamiento que Israel y Palestina sostienen desde tiempos inmemorables.

Aunque las excusas se expresan en términos políticos, económicos y de independencia, la realidad es otra.

Existe un condimento religioso que a los humanos, siendo de carne y hueso, les cuesta comprender.

Lejos de la sabiduría de los dioses, la muerte coquetea, seduce y alienta a los dos bandos.

Mientras uno ataca, el otro se lamenta, llora a sus muertos y jura por el Dios que lo protege exterminar al oponente.

En esa encrucijada se encuentran Israel y Palestina, dos países que lo tienen todo para ser hermanos.

Desgraciadamente, son también dos lugres cuyos habitantes anidan excusas, odios y rencores que no quieren o o pueden olvidar.

Se puede discutir hasta el hartazgo sobre quien empezó primero, sobre quien es el peor de todos.

Pero lo que nunca tendrá explicación es matar a inocentes en el nombre de Dios.

Hoy, Israel y Palestina están en la puerta de entrada a la guerra, convencidos de que los dioses los acompañan.

En el mientras tanto, el mundo mira expectante cientos de imágenes dantescas que nadie desea.

También podemos discutir la nula intervención de la ONU y de todos los organismos mundiales para conciliar las diferencias.