De la fuente del Buen Pastor a la programación: la historia de un joven cordobés
Un joven cordobés transforma su pasión infantil en código para las aguas danzantes del Buen Pastor.

El Paseo del Buen Pastor celebró su 19.º aniversario y, en medio de la fiesta, un chico de 19 años llamado Jeremías Bocanegra tomó el control de la consola que dirige las aguas danzantes. Desde la pantalla, imagina cada chorro, cada luz y cada compás antes de que la música empiece; minutos después, el agua sigue al pie de su plan.
De espectador a programador
Jeremías recuerda que a los dos años ya corría al recinto solo para ver la fuente. Mientras otros disfrutaban del espectáculo, él se quedaba pensando cómo se sincronizaban el agua, la música y las luces. «Desde muy chico la fuente del Buen Pastor era mi lugar favorito», cuenta, y añade que la curiosidad lo llevó a investigar por su cuenta, probando simuladores y desarmando mentalmente el sistema.

Con el tiempo, el juego de niños se convirtió en una verdadera pasión técnica. Aprendió a usar el protocolo DMX, creado para la iluminación de conciertos, y adaptado aquí para orquestar agua, luz y sonido. «Me gustaba recrear coreografías en cualquier lugar», recuerda, mientras sonríe al evocar sus primeras secuencias caseras.
El protocolo DMX detrás del espectáculo
El DMX permite que cada surtidor reciba órdenes precisas de altura, velocidad y color, todo alineado con la partitura musical. Actualmente el equipo técnico del Paseo está desarrollando un software propio de programación y automatización; Jeremías lo prueba, crea nuevas piezas y envía sus observaciones para pulir el sistema.
Ayrton Peyrille, responsable técnico de la fuente, destaca la energía del joven: «Ver a Jere desenvolverse me recuerda a mí cuando empezaba. Sus aportes son valiosos para mejorar la herramienta que usamos».
El impacto de un espacio cultural
La historia de Jeremías ilustra cómo un lugar público puede ser semillero de vocaciones. El Buen Pastor no solo ofrece conciertos y exposiciones; también brinda a los vecinos la oportunidad de aprender, crear y sentirse parte de algo más grande. Para el propio Jeremías, el paseo es «mi lugar en el mundo», un sitio donde se siente seguro y donde su pasión encuentra cauce.
Cuando le preguntan qué significa hoy el Buen Pastor, responde sin dudar: «Es mi espacio, donde la fuente me inspira y donde ahora puedo programarla. Eso me emociona». Así, una fuente que hace bailar el agua se convierte también en la pista donde un joven cordobés escribe su futuro.
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