El caso del destripador de Gainesville: crímenes, captura y legado cinematográfico
Una crónica detallada del asesino que aterrorizó a Florida y se convirtió en la sombra de Ghostface

La noche que cambió la carrera del oficial Ray Barber
El viernes 24 de agosto de 1990, el patrullero Ray Barber recibió por radio la orden de acudir al complejo de departamentos Williamsburg Village, en Gainesville, para atender una denuncia por ruidos molestos. Lo que parecía una rutina para la policía de la zona se tornó en una pesadilla cuando, al tocar la puerta del apartamento de Christina Powell, el encargado del edificio le informó que la joven no había sido vista desde la noche anterior y que el auto permanecía en el estacionamiento.
Barber, sin pensarlo mucho, rompió uno de los cristales y, al oler un hedor insoportable, se tapó la nariz con un pañuelo y entró. En los dormitorios encontró a dos chicas, Christina Powell (17) y Sonja Larson (18), desnudas, con los cuerpos cosidos, apuñalados y mutilados en posiciones claramente sexuales. La autopsia confirmó que ambas habían sido violadas antes de morir.
Una ola de asesinatos que estremeció a Gainesville
El hallazgo de esas dos víctimas desencadenó una cadena de crímenes que dejó cinco muertos en menos de una semana. Cada escena era más grotesca que la anterior: Christa Hoyt, estudiante de 18 años, fue atacada, violada y decapitada; la pareja Tracy Paules y Manuel Taboada fue brutalmente asesinada en su casa. Los medios locales comenzaron a referirse al autor como “el destripador de Gainesville”, y el pánico se apoderó de la comunidad universitaria y de todo el estado.
La prensa cubrió los hechos con una intensidad que alimentó el terror, mientras la policía buscaba desesperadamente pistas. Se detuvo a Edward Lewis Humphrey, un estudiante con antecedentes psiquiátricos, pero la investigación siguió sin avances claros.
La captura fortuita de Danny Rolling
El 7 de septiembre, dos agentes detuvieron a un hombre que intentaba robar en un supermercado. No sabían que aquel ladrón era Danny Harold Rolling, de 36 años, quien ya figuraba en una orden de captura por el intento de asesinar a su propio padre en Shreveport, Louisiana. Al cotejar sus datos, los investigadores descubrieron el vínculo con los crímenes de Gainesville.
Un análisis de ADN confirmó que el material encontrado en la escena coincidía con el de Rolling. En su campamento detrás del campus hallaron una bombacha con pelo púbico de una de las víctimas, ropa manchada de sangre y grabaciones donde el propio asesino describía los hechos. Esa misma tarde el jefe de policía anunció la detención del “destripador de Gainesville”.
Del crimen al cine: la inspiración de Scream
La historia de Rolling no tardó en cruzar la frontera del true crime para convertirse en materia de guion. El guionista Kevin Williamson tomó los hechos como base para crear a Ghostface, el icónico asesino enmascarado de la saga Scream, estrenada en 1996 y dirigida por Wes Craven. La película, que se convirtió en un culto del subgénero slasher, lleva el eco de los crímenes de Gainesville en cada escena de terror.
Mientras tanto, Rolling permanecía recluido en el pabellón de la muerte de la Prisión Estatal de Florida, aguardando la inyección letal que se le había dictado.
Juicio, condena y último día
En noviembre de 1991 se formalizaron cinco cargos de asesinato en primer grado contra Danny Rolling. Tras años de negación, en febrero de 1994 aceptó una entrevista con la periodista Sondra London, con quien mantuvo una relación sentimental y grabó el documental The Making of a Serial Killer, donde confesó todos los homicidios.
El juicio, celebrado en el condado de Alachua, culminó en marzo de 1994 con una condena unánime. Un mes después, el juez lo sentenció a muerte por inyección letal. En sus últimos días, Rolling se casó simbólicamente con London y concedió varias entrevistas, reiterando que sus actos estaban bajo la influencia de una personalidad que él llamaba “Géminis”.
La noche anterior a su ejecución, el 25 de octubre de 2006, pidió langostinos, camarones, papas al horno y una cheesecake como última cena. Al día siguiente, la silla eléctrica de Florida se cerró y el caso del destripador de Gainesville quedó sellado, pero su sombra sigue presente en la cultura popular, sobre todo cada vez que se menciona a Ghostface en la pantalla grande.
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