Una sustancia intestinal vinculada al avance rápido del Alzheimer: lo que revela la investigación de Wisconsin
Un metabolito intestinal podría acelerar la progresión del Alzheimer, según un estudio estadounidense.

Una sustancia intestinal vinculada al avance rápido del Alzheimer: lo que revela la investigación de Wisconsin
Un equipo de la University of Wisconsin‑Madison detectó que personas con niveles elevados de imidazole propionate (ImP) en sangre presentaban un deterioro cognitivo más veloz que la media. El hallazgo, publicado en Nature Communications, abre una nueva ruta para entender cómo la microbiota intestinal puede incidir en la enfermedad neurodegenerativa.
¿Qué es el imidazole propionate?
El ImP es un metabolito que algunas bacterias del intestino producen al degradar la histidina, un aminoácido esencial que obtenemos de la dieta. No todas las personas albergan la misma cantidad de estas bacterias; sin embargo, como señaló el profesor Federico Rey, “un microbio no necesita ser abundante para dejar su marca”.
El experimento en ratones
Los investigadores inyectaron ImP directamente en el cerebro de ratones y observaron una acumulación acelerada de beta‑amiloide y tau, las proteínas que forman placas y ovillos característicos del Alzheimer. Ese proceso desencadenó la muerte de neuronas, lo que reforzó la hipótesis de que una sustancia producida en el intestino puede cruzar la barrera hematoencefálica y dañar el cerebro.
Datos de la cohorte de Wisconsin
En la práctica, el estudio midió ImP en sangre de casi 1.200 voluntarios del Wisconsin Registry for Alzheimer’s Prevention y del Wisconsin Alzheimer’s Disease Research Center. Los participantes con los niveles más altos de ImP mostraron más frecuentemente marcadores biológicos de daño neuronal y, a lo largo de varios años, sus pruebas de memoria y atención empeoraron a un ritmo superior al de los que tenían menores concentraciones del metabolito.
Genética y producción de ImP
Un análisis genético reveló una variante presente en alrededor del 43 % de los sujetos que se asoció con niveles notablemente más altos de ImP en sangre. Esa misma variante había sido vinculada previamente con un mayor riesgo de Alzheimer, lo que sugiere que la incapacidad de los riñones para eliminar el metabolito podría ser parte del engranaje que lleva a la enfermedad.
¿Cómo se podría atacar este factor?
Eliminar la histidina de la dieta no es una opción viable, ya que está presente en alimentos básicos como la carne, los huevos y los lácteos. Las investigadoras Barbara Bendlin y Federico Rey plantean que el camino más factible pasa por fármacos que modulen las bacterias productoras de ImP, de forma similar a cómo las estatinas reducen el colesterol. Mientras tanto, una alimentación equilibrada y rica en fibra podría favorecer una microbiota menos propensa a generar el metabolito.
El estudio no concluye que el ImP sea la causa única del Alzheimer, pero sí aporta una pieza clave para entender cómo procesos periféricos –inflamación sistémica, alteraciones metabólicas y señales provenientes del intestino– pueden preceder años a los síntomas cognitivos. La comunidad científica argentina sigue atenta, pues la posibilidad de intervenir en la microbiota abre un campo de investigación que podría traducirse en nuevos tratamientos para nuestros pacientes.
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