Renovada amenaza al flujo mundial de trigo y el riesgo de una segunda crisis alimentaria
Los nuevos ataques en el Mar Negro vuelven a frenar las exportaciones de Rusia y Ucrania, poniendo en jaque los precios globales.

Renovada amenaza al flujo mundial de trigo y el riesgo de una segunda crisis alimentaria
Los ataques recientes vuelven a cerrar el corredor del Mar Negro
Esta semana los ataques rusos a puertos ucranianos y a la terminal de granos de Novorossiysk, en el Mar Negro, han vuelto a frenar las exportaciones conjuntas de Rusia y Ucrania. Según datos de la firma de análisis Kpler, en agosto de 2022 ambos países enviaron 6,3 millones de toneladas de trigo; la proyección para agosto de 2024 se sitúa en apenas 2,5 millones, y el ritmo podría seguir cayendo si la violencia persiste.
Historia reciente: del corredor protegido a la nueva incertidumbre
Cuando en 2022 la invasión rusa destruyó infraestructura portuaria en Odesa y en otras costas ucranianas, el precio del trigo se disparó y los mercados temieron una escasez global. Un acuerdo negociado por Turquía, que habilitó un corredor marítimo bajo escolta internacional, logró estabilizar los precios y devolver parte del flujo comercial. Hoy, sin esa garantía, los buques mercantes evitan la zona por miedo a misiles y drones, y las pocas tripulaciones dispuestas a arriesgarse son insuficientes para mantener el ritmo anterior.
Alternativas en marcha y sus limitaciones
Ucrania intenta compensar la pérdida del Mar Negro trasladando granos por carretera y ferrocarril hasta el Danubio, para luego enviarlos a puertos rumanos como Constanza. La ruta, sin embargo, está limitada por la escasez de caudal en el río y por la congestión del transporte terrestre, lo que eleva los costos y reduce la competitividad del grano ucraniano. En el caso de Rusia, el Ministerio de Agricultura habla de redirigir envíos al Báltico y al Caspio, pero esas salidas solo pueden absorber una fracción del excedente, según los expertos.
Repercusiones en los precios internacionales
Los futuros del trigo han tocado máximos de dos años, rondando un 25 % por encima de los niveles de inicio de año. Aún así, el precio está a la mitad del pico alcanzado en 2022, porque la interrupción llega cuando los principales importadores del hemisferio norte ya han cosechado y pueden postergar compras. Además, las reservas mundiales son altas después de una cosecha récord en 2025, lo que amortigua temporalmente la presión, según Ishan Bhanu de Kpler.
Pronósticos y riesgos que aún persisten
Carlos Mera, analista de Rabobank, advierte que la duración de la crisis depende de variables difíciles de predecir: la evolución del conflicto, el nivel del Danubio, la velocidad de reparación de los muelles dañados y las decisiones de las aseguradoras marítimas. Joseph Glauber del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias señala que la incertidumbre también afecta a agricultores de Europa del Este, que ven subir sus costos de transporte mientras la demanda de sus productos se vuelve más volátil.
Mirada al futuro: ¿Se avecina una segunda crisis?
Si bien la producción mundial de trigo se mantiene por encima del promedio, la caída de cosechas en Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y una posible reducción de la cosecha australiana por el fenómeno de El Niño podrían empeorar la oferta. El escenario más temido es que la interrupción del Mar Negro se prolongue, lo que volvería a empujar los precios al alza y pondría en jaque la seguridad alimentaria de los países más dependientes de importaciones.
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