Astronautas sin formación médica logran la primera radiografía en el espacio: un hito en la exploración espacial
La primera radiografía en el espacio, un hito que cambia la exploración espacial

Durante más de sesenta años, los astronautas solo han tenido una herramienta para diagnosticar posibles lesiones en órbita: el ecógrafo. Ahora, por primera vez, una tripulación ha conseguido tomar radiografías de diagnóstico de sus propios cuerpos mientras orbitaban la Tierra, un hito que cambia por completo lo que será posible en futuras misiones a la Luna y Marte.
El experimento se llevó a cabo durante Fram2, una misión privada de SpaceX que en marzo de 2025 llevó a cuatro astronautas primerizos a dar vueltas a la Tierra por encima de los polos durante tres días y medio a bordo de una cápsula Crew Dragon. Ninguno de ellos era personal médico, pues recibieron solo cuatro horas de formación antes del despegue para aprender a manejar un aparato de rayos X portátil y comercial, de un tamaño más o menos del de una nevera de playa.
Antes de partir tomaron radiografías de una mano, un antebrazo, el pecho, el abdomen y la pelvis como referencia. En órbita repitieron esas mismas imágenes, y añadieron además otra de un reloj inteligente. La prueba fue todo un éxito, y de vuelta en la Tierra, tres radiólogos independientes compararon las imágenes tomadas en órbita con las previas al vuelo.
El veredicto fue positivo, pues aunque las radiografías captadas en gravedad terrestre tenían algo más de calidad, las tomadas en el espacio resultaron perfectamente válidas para diagnosticar lesiones como fracturas. Las imágenes de manos y brazos, más fáciles de mantener quietas, salieron mejor que las del pecho, el abdomen o la pelvis, zonas donde costó más lograr una buena posición del cuerpo.
El aparato, además, sobrevivió al viaje con solo daños superficiales en su exterior tras el aterrizaje, y toda la tripulación coincidió en que resultó sencillo de usar pese a la escasa formación recibida. Esto abre un nuevo camino para futuras misiones espaciales, donde la capacidad de diagnosticar lesiones de manera efectiva será crucial para la seguridad de los astronautas.
La próxima etapa en este desarrollo pasa por reducir aún más el tamaño de estos equipos y hacerlos más resistentes de cara a futuras misiones, ya que aunque nos resulte compacto de por sí en la Tierra, siempre que se pueda miniaturizar la tecnología en misiones espaciales, mejor. Los rayos X portátiles no solo servirían para diagnosticar a los astronautas, sino que también podrían usarse para revisar daños ocultos en trajes espaciales, electrónica o satélites averiados, e incluso instalarse en futuros vehículos que exploren la superficie lunar.
La propia investigadora apunta también a llevar esta tecnología a zonas rurales alejadas de grandes hospitales, donde un sistema autónomo y de bajo coste podría mejorar el acceso a diagnósticos rápidos. La capacidad de realizar radiografías en el espacio o en áreas remotas sin acceso a instalaciones médicas especializadas revoluciona la forma en que abordamos la salud en entornos extremos.
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