Salud

Slow jogging: la carrera lenta que convence a novatos y veteranos, según el profesor Stephen Garland

El slow jogging, una rutina fácil pero eficaz, gana adeptos entre novatos y corredores de élite.

Slow jogging: la carrera lenta que convence a novatos y veteranos, según el profesor Stephen Garland

Una rutina fácil no es sinónimo de ineficaz, asegura el experto en fisiología del deporte.

Persona corriendo despacio en un parque, ilustración de slow jogging

El profesor Stephen Garland, docente de fisiología del deporte en la Universidad de Malmö, explicó en una entrevista para The Conversation que el slow jogging se está convirtiendo en una alternativa viable tanto para quienes recién se suben al “carro del ejercicio” como para atletas de alto nivel que buscan reforzar su base aeróbica.

¿Qué es el slow jogging?

Se trata de correr a un ritmo tan bajo que permite mantener una conversación sin perder el aliento. El método nació en Japón bajo el nombre de “niko‑niko”, que literalmente significa “sonrisa”. El investigador Hiroaki Tanaka lo diseñó para que los corredores pudieran disfrutar del movimiento mientras conservan una expresión relajada, demostrando que la intensidad no siempre tiene que ser alta para ser efectiva.

El respaldo científico

Garland señaló que, aunque aún no existen estudios específicos sobre el slow jogging, la evidencia sobre actividades aeróbicas de baja y moderada intensidad es contundente. Estas prácticas mejoran la capacidad cardiovascular, reducen la presión arterial y favorecen la salud mental, además de ayudar a cumplir con la recomendación de la OMS de 150 a 300 minutos semanales de ejercicio.

Facilidad y adherencia: la clave del éxito

Una de las mayores ventajas del slow jogging es su bajo umbral de entrada. No hace falta equipamiento costoso ni una suscripción al gimnasio; basta con un par de zapatillas y una calle tranquila. Para los cordobeses, una buena opción son los bulevares arbolados del Parque Sarmiento o la pista del Estadio Mario Alberto Kempes, donde el asfalto es uniforme y el entorno invita a conversar.

Garland insiste en que “una rutina fácil no es sinónimo de ineficaz”. Al ser menos intimidante, disminuye la tasa de abandono que suele observarse en los primeros días de un programa de entrenamiento. Además, permite acumular minutos de actividad de forma sostenida, lo que a la larga genera adaptaciones cardiovasculares similares a las de una carrera más rápida.

Ventajas para los atletas de resistencia

Los corredores experimentados también encuentran valor en el slow jogging. Al mantenerse en la llamada zona 2 de frecuencia cardíaca, se estimula la oxidación de grasas y se fortalece la capacidad aeróbica sin provocar un exceso de fatiga muscular. Este enfoque es útil para preparar maratones o pruebas de larga distancia, ya que consolida la base antes de introducir entrenamientos de alta intensidad.

Beneficios mentales y sociales

Más allá de los efectos fisiológicos, la práctica favorece la salud mental. El movimiento constante libera endorfinas, mientras que la posibilidad de conversar mientras se corre abre una ventana para la interacción social, algo escaso en la rutina cotidiana de muchos cordobeses que pasan la mayor parte del día entre la oficina y el hogar.

Si la pereza sigue siendo un obstáculo, basta con iniciar con 20 minutos a paso cómodo, tres veces por semana, e ir aumentando gradualmente. La clave está en la constancia, no en la velocidad.

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