Ataques iraníes a instalaciones sauditas: el golpe a la producción petrolera y la inestabilidad global
El oleoducto Este-Oeste, vital para la economía saudita, ha sido dañado, lo que aumenta la escasez de suministro de crudo en el mundo.

La situación en el Medio Oriente sigue siendo extremadamente tensa después de los recientes ataques iraníes a instalaciones petroleras en Arabia Saudita. Según fuentes del Ministerio de Energía saudita, estos ataques han reducido la capacidad de producción petrolera del reino en 600.000 barriles diarios, afectando directamente la principal arteria de exportación de crudo del país, el oleoducto Este-Oeste.
El oleoducto, conocido como Petroline, es una infraestructura vital para la economía saudita, especialmente desde que el Estrecho de Ormuz fue cerrado al inicio de la guerra. Con una longitud de 1.200 kilómetros, conecta los campos petroleros de Abqaiq en la Provincia Oriental con el puerto de Yanbu en el Mar Rojo, y había sido llevado a su capacidad máxima de siete millones de barriles diarios para compensar la pérdida de suministro a través del Estrecho de Ormuz.
Los ataques, que incluyeron misiles y drones, han dañado varias instalaciones clave, incluyendo la planta de producción de Manifa y la de Khurais, cada una de las cuales ha visto reducida su producción en 300.000 barriles diarios. Además, una estación del oleoducto Este-Oeste fue atacada, lo que ha provocado una pérdida de 700.000 barriles diarios de volumen bombeado, poniendo en peligro la principal ruta de suministro global de crudo.
La situación es aún más grave debido a que los ataques ocurrieron apenas horas después de que se anunciara una tregua de dos semanas entre Washington y Teherán, mediada por Pakistán. A pesar de este alto al fuego, las hostilidades no han cesado, y Arabia Saudita informó haber interceptado nueve drones en las horas posteriores al anuncio, lo que pone en duda la efectividad de la tregua.
La destrucción parcial de la capacidad de bombeo del oleoducto Este-Oeste agrava una crisis energética que ya es considerada una de las más severas en décadas. Antes de la guerra, el Estrecho de Ormuz canalizaba alrededor de 15 millones de barriles diarios, cerca del 20% del suministro mundial de crudo. Con el oleoducto saudí dañado y el Estrecho de Ormuz virtualmente cerrado, la escasez de suministro se vuelve cada vez más crítica, instalando una incertidumbre en los mercados petroleros sin precedente en lo que va del siglo.
La persistencia de los ataques no solo genera escasez de suministro, sino que también ha causado daños humanos. Un ciudadano saudí que trabajaba en seguridad industrial para la Compañía Energética Saudí perdió la vida, y otros siete empleados resultaron heridos. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán reivindicó los ataques, lo que aumenta las tensiones en la región.
En resumen, la situación en el Medio Oriente es extremadamente delicada, con ataques a instalaciones petroleras sauditas que han reducido significativamente la producción de crudo y han puesto en peligro la principal ruta de suministro global. La inestabilidad en la región y la falta de una solución duradera a la crisis energética plantean desafíos importantes para la economía global y la seguridad energética.
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