De la disfunción eréctil a la traición: el insólito reclutamiento del KGB que pasó al MI6
Una extraña petición médica desencadenó la traición de un agente soviético y alteró el curso del conflicto iraní.

En 1981‑82, mientras el antiguo orden del sha se desmoronaba y la Revolución islámica tomaba las calles de Teherán, el agente del KGB Vladimir Kuzichkin huyó de Irán con una sola obsesión: encontrar una solución a su disfunción eréctil y a la crisis de su matrimonio. La desesperación lo llevó a tocar la puerta del MI6, que aceptó su pedido a cambio de información que cambiaría el destino de la política iraní.
Un reclutamiento fuera de lo común
Ben Macintyre, historiador especializado en espionaje, relata en su último libro Redwood que el caso de Kuzichkin fue todo menos protocolario. El agente, alto cargo de la rezidentura soviética en Teherán, pidió dos cosas imposibles: un horóscopo autorizado y una circuncisión realizada por un médico con permiso de seguridad. El MI6, que ya había enviado placebos rojos para calmar su ansiedad, no pudo encontrar a un astrólogo con acreditación oficial y tuvo que improvisar.
La jugada del MI6: vodka y faroles
Ian McCredie, oficial de caso del servicio británico, organizó una fuga que parecía sacada de una comedia de enredos. Mientras Kuzichkin cruzaba Turquía, los agentes británicos pusieron a todo volumen la radio persa y abrieron los grifos de la casa de los iraníes para crear una confusión sonora. Para disuadir a cualquier equipo de captura del KGB, enviaron a un operario armado con una gran lámpara de latón, listo para golpear a quien se acercara.
El error de los soviéticos y la cara oculta del MI6
El propio KGB estaba convencido de que el excéntrico embajador británico Nicholas Barrington dirigía la estación del MI6 en Teherán. En realidad, el verdadero jefe era el discreto McCredie, a quien Barrington describía como alguien que “limpiaba su inodoro y barría las canchas de tenis”. La confusión sirvió al británico para mover sus piezas sin levantar sospechas.
Consecuencias de la traición
Los informes que Kuzichkin entregó a Londres y Washington revelaron la magnitud de la actividad comunista en Irán. Temiendo un golpe respaldado por Moscú, EE. UU. y el Reino Unido compartieron esos datos con el nuevo régimen islamista. Las purgas que siguieron dejaron entre 4.000 y 12.000 víctimas, aniquilando gran parte de la oposición y consolidando el poder de los islamistas. Kuzichkin, atormentado por la sangre derramada, vivió sus últimos años con la culpa como sombra constante y falleció en 2009.
Un relato que desvela la humanidad del espionaje
Redwood no solo muestra la frialdad de la inteligencia estatal, sino también sus momentos de improvisación, error y, en este caso, de una extraña motivación personal. La historia de Kuzichkin demuestra que, detrás de los engranajes de la Guerra Fría, pueden decidirse destinos con una simple petición de horóscopo y una circuncisión.
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