La imagen de Putin se resquebraja: Rusia enfrenta su mayor crisis interna
La crisis en Rusia se profundiza mientras Putin se prepara para encabezar el desfile del Día de la Victoria
En un giro inesperado, el líder ruso Vladimir Putin se prepara para encabezar el desfile del Día de la Victoria con una nación sumida en creciente descontento. Los ataques ucranianos han traspasado por primera vez las fronteras rusas, debilitando la imagen de fuerza que Putin cultivó durante más de 25 años en el poder.
El evento, que usualmente se celebraba como un hito intocable del calendario nacional, pierde brillo este año por la amenaza de ataques, la suspensión de desfiles de blindados y cadetes y la interrupción de servicios de telefonía e internet en Moscú. Mientras tanto, el Kremlin solicita una tregua temporal a Kiev para evitar incidentes durante las festividades.
El trasfondo de la crisis
El trasfondo de este giro está marcado por un dato clave que no figuraba en las celebraciones previas: las bajas rusas ya superan el millón y cerca del 70% de la población de Rusia, incluyendo regiones a mil seiscientos kilómetros del frente, han quedado expuestas a la nueva rutina de ataques con drones y misiles procedentes de Ucrania.
Esta escalada ha generado un fenómeno inédito: la irritación pública surca toda la geografía, volviendo común la discusión sobre corrupción y posibles revueltas, incluso entre nacionalistas tradicionalmente leales al régimen. La elite política y los creadores de opinión oficialistas advierten sobre una transformación del ánimo colectivo.
La respuesta de la sociedad rusa
La sociedad rusa comienza a expresar su descontento de manera abierta. El profesor de historia Sergey Radchenko, de la Universidad Johns Hopkins, identifica este punto como el momento en que la guerra dejó de ser una abstracción para los rusos alejados del conflicto: “Ahora algunos llegan a la conclusión de que la guerra fue una mala idea. Otros creen que no se la combate con suficiente energía”.
El coste político para Putin se amplifica conforme los estratos sociales que antes omitían la política empiezan a expresar opiniones críticas. Para el ex redactor presidencial Abbas Gallyamov, exiliado y hoy opositor, una consecuencia simbólica se advierte en el desencanto con la narrativa estatal sobre la “Gran Guerra Patria”.
El futuro incierto de Rusia
La guerra ha puesto al régimen de Putin ante el mayor reto de su historia reciente. Mientras la población se ajusta a la rutina de ataques y control gubernamental sin precedentes, el desfile del 9 de mayo deja entrever un país dividido, exhausto y expectante, donde la promesa de estabilidad se resquebraja, y la posibilidad de un cambio abrupto —que hasta hace poco era impensable— comienza a ser discutida abiertamente.
Según el exembajador estadounidense John Sullivan, “En Rusia dicen que las cosas no pasan rápido, pero cuando pasan, lo hacen rápido. Antes no lo habría creído posible, pero ahora sí”.
El futuro de Rusia es incierto, y la pregunta que todos se hacen es: ¿qué pasará después del desfile del Día de la Victoria? La respuesta solo la dará el tiempo, pero una cosa es segura: el país nunca volverá a ser el mismo.
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