Migrantes forzados a combatir en Ucrania: la oscura realidad de la guerra
La guerra en Ucrania tiene un capítulo oscuro: miles de migrantes forzados a combatir en el frente ruso

La guerra en Ucrania sigue sumando capítulos oscuros, y uno de los más recientes tiene como protagonistas a miles de migrantes de Asia Central que, según denuncias de organismos de derechos humanos, están siendo obligados a combatir en el frente ruso bajo amenazas, engaños y condiciones extremas.
La historia de Hushruzjon Salohidinov, un joven tayiko de 26 años que trabajaba como repartidor en San Petersburgo, es un ejemplo crudo de este mecanismo de presión. Fue detenido mientras retiraba un paquete que, según la policía, contenía dinero robado, y pasó nueve meses preso sin que avanzara su causa. Después, fue sometido a amenazas de abuso sexual dentro de la cárcel si no aceptaba “ofrecerse como voluntario” para ir a la guerra.
Organizaciones y reportes periodísticos advierten sobre una política sistemática del Kremlin para reclutar migrantes, especialmente de países como Tayikistán, Uzbekistán y Kirguistán. Muchos de ellos llegan a Rusia en busca de trabajo y terminan atrapados en una red de coerción estatal. El patrón se repite: detenciones por supuestas irregularidades migratorias, amenazas de deportación o cárcel, y finalmente la opción de enlistarse como única vía de escape.
El contexto también ayuda a explicar el fenómeno. Rusia, con baja natalidad y una economía que depende en parte de la mano de obra extranjera, ha sido históricamente un destino para millones de migrantes. Pero desde el inicio de la invasión a Ucrania, en 2022, esa población se convirtió en un blanco fácil para reforzar las filas del ejército. Incluso funcionarios rusos lo admiten indirectamente, asegurando que decenas de miles de ciudadanos —muchos de ellos migrantes recientemente nacionalizados— fueron enviados al frente.
La experiencia de Salohidinov en el frente fue intensa. Recibió apenas tres semanas de entrenamiento y describe una preparación caótica, con equipamiento deficiente y exigencias económicas para conseguir mejores insumos. Luego fue enviado a la región de Luhansk, en el este de Ucrania, donde el impacto fue inmediato. Relata que los drones sobrevolaban constantemente y que las explosiones eran permanentes.
Después de decidir rendirse, Salohidinov fue detenido en Ucrania, donde asegura que recibió comida, agua y atención básica. Su mayor temor ahora es ser devuelto a Rusia en un intercambio de prisioneros, lo que —cree— implicaría volver directamente al frente. Mientras tanto, espera poder regresar a su país, pero su futuro es incierto. Y su historia, lejos de ser excepcional, parece ser apenas una muestra de una maquinaria mucho más amplia y silenciosa que alimenta la guerra con los más vulnerables.
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