Harald V de Noruega: el rey vikingo que enfrentó salud y escándalos hasta el último día
Una mirada profunda al legado, los problemas médicos y las polémicas que marcaron los últimos años del monarca más longevo de Escandinavia.

El rey Harald V de Noruega falleció a los 87 años, poniendo fin a una carrera que se extendió por más de tres décadas y que lo consolidó como el monarca más longevo en ejercicio de la era moderna. Su última aparición pública la realizó en febrero de 2026, cuando una infección cutánea lo obligó a regresar a Oslo desde unas vacaciones en Tenerife.
Una vida marcada por la resistencia y el deber
Desde su infancia, Harald estuvo inmerso en la historia de su país. Hijo del rey Olav V y la princesa Märtha, fue el primer príncipe nacido en suelo noruego en más de cinco siglos, un dato que simbolizó la consolidación de la monarquía tras la independencia de Suecia. A los tres años, la invasión alemana de 1940 obligó a su familia a exiliarse en Estados Unidos, donde permanecieron cinco años antes de regresar triunfalmente en 1945.
El joven príncipe se convirtió en heredero y, en 1991, subió al trono en un momento de transformación política y social para Noruega. Su presencia fue decisiva durante los atentados de Utoya en 2011, cuando su liderazgo y cercanía con la ciudadanía le valieron un reconocimiento amplio.
Problemas de salud que no detuvieron la agenda oficial
Harald enfrentó una serie de enfermedades graves sin renunciar a sus funciones. En 2003 superó un cáncer de vejiga y, dos años después, fue intervenido a corazón abierto para implantarle una válvula artificial. Una nueva cirugía en 2020 reemplazó ese dispositivo y, en 2024, un marcapasos permanente fue necesario tras una infección contraída en Malasia. El Estado cubrió la operación con dos millones de coronas, alrededor de 177.000 euros, lo que generó debate sobre el gasto público.
Aun con limitaciones de movilidad, el rey mantuvo una agenda incansable: viajes al extranjero, encuentros institucionales y participación en eventos privados. Su decisión de no abdicar, pese a la presión de la edad, reforzó la imagen de un monarca que encarnaba la “perseverancia vikinga”.
Escándalos que empañaron la casa real
Los últimos años del reinado no estuvieron exentos de controversias. El proceso judicial contra Marius Borg, nieto político de Harald y hijo de la princesa Mette‑Marit, incluyó 38 cargos, entre ellos cuatro violaciones, y sacudió la reputación de la familia. Aunque Borg nunca formó parte formal de la Casa Real, su vínculo generó una fuerte presión mediática.
Paralelamente, la princesa Mette‑Marit enfrentó críticas por su enfermedad pulmonar crónica y por su relación pasada con el financiero Jeffrey Epstein, un tema que alimentó un debate sobre la gestión de la imagen real y los límites del entorno privado.
Amor y decisiones que redefinieron la dinastía
El aspecto personal de Harald también dejó huella. Tras años de rumores sobre un posible enlace con la princesa Sofía de Grecia, el futuro rey optó por casarse con Sonia Haraldsen, una joven de origen plebeyo. La oposición de su padre, el rey Olav, llevó a Harald a amenazar con renunciar al trono si se le impedía la unión. Finalmente, después de nueve años de resistencia, la boda se celebró el 29 de agosto de 1968 en la catedral de Oslo, marcando una ruptura con la tradición aristocrática y consolidando una figura más cercana al pueblo.
El legado de Harald V combina la imagen de un líder que, pese a los problemas de salud y a los escándalos familiares, mantuvo una agenda pública activa y una conexión profunda con la sociedad noruega. Su muerte cierra una era y abre la puerta a la nueva generación liderada por el príncipe heredero Haakon, quien heredará tanto los honores como los retos que la Corona noruega enfrenta en el siglo XXI.
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