El “slow jogging”: la carrera lenta que convence a novatos y veteranos, según el profesor Stephen Garland
Correr despacio no es sinónimo de ineficacia; la ciencia respalda sus beneficios.

El “slow jogging”: la carrera lenta que convence a novatos y veteranos, según el profesor Stephen Garland
Una propuesta sencilla que gana terreno en Argentina
El profesor Stephen Garland, especialista en fisiología del deporte de la Universidad de Malmö, explicó en una entrevista reciente que el “slow jogging” o correr despacio se está convirtiendo en una opción popular tanto para quienes recién inician como para corredores experimentados. La charla, publicada el 15 de septiembre de 2026, subrayó que la facilidad de la rutina no implica falta de efectividad.
Origen científico y la “sonrisa” como métrica
El concepto nació en Japón bajo el nombre “niko‑niko”, que significa “sonrisa”. El investigador Hiroaki Tanaka lo diseñó para que el corredor pudiera mantener una conversación sin perder el aliento y, de paso, conservar una expresión alegre. Esa premisa, aunque parezca poco exigente, está respaldada por estudios que demuestran mejoras en la capacidad cardiovascular cuando se mantiene un ritmo constante y moderado.
Lo que la evidencia dice sobre la intensidad baja
Garland señaló que, aunque todavía no existen numerosos ensayos específicos sobre el slow jogging, la literatura sobre ejercicios aeróbicos de baja y moderada intensidad es robusta. Estas actividades reducen la presión arterial, mejoran la sensibilidad a la insulina y favorecen la salud mental al liberar endorfinas. Además, al ser menos agresivo para las articulaciones, permite entrenar con mayor frecuencia sin riesgo de lesiones graves.
Ventajas para los que empiezan a moverse
Para los cordobeses que aún no se animan a entrar al gimnasio, el slow jogging representa una puerta de entrada accesible. Al requerir solo un par de zapatillas y una ruta segura, es fácil incorporarlo a la rutina diaria y alcanzar los 150‑300 minutos semanales que recomienda la OMS. La baja exigencia reduce la sensación de agotamiento del primer día, lo que ayuda a crear el hábito.
Un aliado para los corredores de resistencia
Los atletas de fondo también encuentran valor en esta práctica. Ejecutar entrenamientos en la zona 2, que eleva el ritmo cardíaco sin sobrecargar el cuerpo, fortalece la base aeróbica y optimiza la quema de grasa. Muchos corredores de la zona sur utilizan el slow jogging para complementar sesiones de alta intensidad y evitar el sobreentrenamiento.
Impacto mental y social
Más allá de los efectos fisiológicos, correr despacio favorece la interacción social. Al poder conversar mientras se avanza, se convierte en una actividad grupal que rompe la rutina aislada del trabajo y la familia. Este aspecto ha impulsado su difusión en redes sociales, donde cientos de cordobeses comparten rutas y anécdotas de sus carreras lentas.
En definitiva, el mensaje de Garland es claro: una rutina fácil puede ser tremendamente eficaz siempre que se mantenga la constancia. Si la idea de un entrenamiento intenso te asusta, probar con el slow jogging podría ser el primer paso para volver a moverse con gusto.

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