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Detrás de la leyenda de Fiebre de sábado por la noche: el nacimiento de un ícono

La producción de Fiebre de sábado por la noche estuvo marcada por el caos y la improvisación

La discoteca que se convirtió en leyenda

La película Fiebre de sábado por la noche llevó la vida nocturna de Brooklyn al plano internacional, aunque su producción estuvo marcada por el caos y la improvisación. El director John Badham recordó que el célebre set de la discoteca nació como un “fantasy wet dream”, una fantasía precaria hecha realidad gracias a materiales improvisados y la creatividad del equipo técnico.

La producción se sostuvo en parte por el instinto y en parte por láminas de papel aluminio. El equipo transformó la discoteca 2001 Odyssey de Brooklyn utilizando luces navideñas y papel reflectante o aluminio adquirido en el centro de la ciudad, mientras que la pista de baile iluminada, que luego se volvió icónica, se construyó por unos 15.000 dólares.

Un refugio para Tony Manero

La trama de Fiebre de sábado por la noche gira en torno a Tony Manero, interpretado por John Travolta, un joven de ascendencia italiana que soporta una rutina marcada por conflictos familiares, tensiones raciales y conversaciones sin futuro. La discoteca representa para Manero un refugio, donde cada sábado por la noche logra escapar de su entorno.

Badham señaló que el enfoque buscó transmitir la crudeza y el realismo de la juventud urbana, sin recurrir a una visión mitológica de la historia. “Quería que la película se sintiera como si un documentalista británico hubiera aterrizado en Brooklyn y simplemente filmara lo que veía”, afirmó el director.

El rodaje y sus obstáculos

El rodaje enfrentó múltiples obstáculos. El director original, John Avildsen, fue despedido tras recibir la nominación al Oscar por “Rocky”. Según Badham, el productor Robert Stigwood lo felicitó por la nominación y acto seguido le comunicó el despido.

El cambio de dirección ocurrió justo cuando Travolta debía terminar la filmación para comenzar los ensayos de “Grease”. Badham, que solo tenía una película en su haber, afrontó el reto de reorganizar la producción en menos de dos semanas.

La improvisación y la energía de Travolta

La presencia de Travolta en Brooklyn generó un fenómeno social inesperado. Badham relató: “El primer día de rodaje, unas chicas lo vieron bajo las vías elevadas y empezaron a gritar ‘Vinny Barbarino’. En cuestión de horas, había una multitud de unas 15.000 personas”.

A pesar del caos, lo que surgió fue una película intensa, marcada por la improvisación y por la energía de un Travolta en plena sintonía con su personaje. “Travolta ya sabía perfectamente quién era Tony Manero. No buscaba una interpretación, simplemente estaba en sintonía con la vanidad, las inseguridades y el desparpajo del personaje”, explicó Badham.

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