El hambre, un desencadenante del mal humor: la ciencia detrás de la ‘hambre-ira’
La hambre puede desencadenar mal humor y enfado, pero entender su causa puede ayudarnos a abordar la situación de manera más constructiva.

La relación entre el hambre y el mal humor es un tema que ha sido ampliamente discutido y experimentado por muchas personas. A menudo, cuando tenemos hambre, podemos sentirnos más irritables y propensos a enfadarnos. Pero, ¿por qué sucede esto? La ciencia ha estado investigando este fenómeno y ha encontrado algunas respuestas interesantes.
El papel de la glucosa en el cerebro
El cerebro es un órgano muy exigente en términos de energía. Aunque solo representa el 2% del peso corporal, consume alrededor del 20% de la energía que se produce en el cuerpo. La glucosa es el principal combustible del cerebro, y cuando no hay suficiente glucosa disponible, el cerebro puede experimentar una serie de cambios que afectan nuestro estado de ánimo y comportamiento.
La falta de glucosa puede provocar una respuesta de estrés en el cuerpo, lo que a su vez puede desencadenar la liberación de hormonas como el cortisol y la adrenalina. Estas hormonas pueden aumentar la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la respiración, preparando al cuerpo para responder a una amenaza. Sin embargo, si no hay una amenaza real, esta respuesta de estrés puede manifestarse como irritabilidad, ansiedad o enfado.
El experimento que lo demostró
Un estudio publicado en la revista PLOS ONE en 2022 siguió a 64 adultos durante 21 días para ver cómo la hambre afectaba su estado de ánimo y comportamiento. Los participantes registraron sus niveles de hambre, ira, irritabilidad, placer y activación cinco veces al día, acumulando más de 9.100 observaciones. Los resultados mostraron que tener hambre se asociaba de manera directa con las emociones negativas, como el enfado o la irritabilidad.
Otro estudio publicado en 2014 analizó a 107 parejas durante 21 días, midiendo su glucosa en sangre y midiendo la agresividad. Los resultados mostraron que cuanto más bajos eran los niveles de glucosa al final del día, más agresivos se volvían los participantes. Esto se medía mediante un muñeco vudú que representaba a su pareja y un alfiletero. Cuanto más alfileres clavaban en el muñeco, más agresivos se consideraban.
La buena noticia
Aunque la hambre puede desencadenar mal humor y enfado, hay una buena noticia. Ser conscientes de lo que nos está ocurriendo y de que está relacionado con el hambre es lo más valioso para evitar tener un enfado con nuestra pareja o nuestro amigo. Al entender que nuestro cerebro está respondiendo a una falta de glucosa, podemos tomar medidas para abordar la situación de manera más constructiva.
En lugar de dejar que la hambre nos domine, podemos elegir comer algo saludable, beber agua o practicar técnicas de relajación para calmar nuestro estado de ánimo. Al hacerlo, podemos prevenir que la hambre se convierta en un desencadenante de mal humor y enfado, y mantener una relación más armoniosa con los demás.
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