El poder del agua fría: ¿qué tan efectiva es para la digestión y salud?
El agua fría no es un enemigo de la digestión, pero si está demasiado fría puede volverla más lenta y menos confortable.

El poder del agua fría: ¿qué tan efectiva es para la digestión y salud?
Con la llegada del calor, algo que puede apetecer a muchas personas es coger una botella de agua bien fría y comenzar a beber como si no hubiera un mañana. Pero junto a esta práctica habitual también surge una frase clásica bajo el mito de que beber agua helada puede ‘bloquear’ la digestión.
La idea en mente es que el agua fría puede ser beneficioso para la digestión, pero ¿qué pasa si la temperatura es demasiado baja? ¿Puede afectar negativamente la salud? En este artículo, exploraremos los beneficios y peligros del agua fría para la digestión y la salud en general.
La prueba más directa y reciente al respecto la encontramos en un trabajo publicado en el año 2020. En este ensayo experimental cruzado, los investigadores siguieron a 11 hombres sanos tras ingerir 500 mL de agua a tres temperaturas distintas: 2 °C, 37 °C y 60 °C.
Los resultados mediante ecografía gástrica dejaron claro que el agua a 2 °C redujo significativamente la frecuencia de las contracciones gástricas en comparación con el agua a temperatura corporal o caliente durante la hora posterior a una comida. Pero curiosamente, esta modulación de la motilidad gástrica dejó ver que los sujetos que bebieron el agua helada experimentaron una saciedad más temprana, reduciendo su ingesta energética en la comida posterior entre un 19% y un 26%.
Que el efecto sea inofensivo para la población general no implica que todos los sistemas digestivos reaccionen igual. En la práctica clínica, la temperatura de las bebidas cobra importancia en pacientes con patologías funcionales importantes como, por ejemplo, la dispepsia funcional, el reflujo gastroesofágico, la gastritis o el síndrome del intestino irritable. En estos casos, los estímulos térmicos bruscos que modifican la motilidad gástrica pueden aumentar la sintomatología, y aquí el enlentecimiento gástrico del agua fría puede ser un problema.
La clave para una digestión óptima. La temperatura ideal para la digestión es aproximadamente de 37 ºC, que es la temperatura central del cuerpo. De esta manera, cuando introducimos un líquido a temperaturas cercanas a 0ºC el organismo reacciona y el frío provoca que los vasos sanguíneos se contraigan para conservar el calor. La consecuencia es simplemente una alteración transitoria en los patrones de contracción de todos los músculos que hay en el estómago y, por ende, afecta a la capacidad de hacer la digestión.
En resumen, el agua fría no es un enemigo de la digestión, pero si está demasiado fría puede volverla más lenta y menos confortable. La clave para una digestión óptima es encontrar el balance perfecto entre la temperatura y la calidad del agua. Así que la próxima vez que te apetezca beber agua fría, no tengas miedo de hacerlo, pero asegúrate de que no estés bebiendo agua demasiado fría, que puede afectar negativamente la salud.
Conclusión. En conclusión, el agua fría no es un enemigo de la digestión, pero si está demasiado fría puede volverla más lenta y menos confortable. La clave para una digestión óptima es encontrar el balance perfecto entre la temperatura y la calidad del agua. Así que la próxima vez que te apetezca beber agua fría, no tengas miedo de hacerlo, pero asegúrate de que no estés bebiendo agua demasiado fría, que puede afectar negativamente la salud.
Explora más noticias en nuestra sección: Salud





