La Privatización de la Hidrovía: Un Proceso Lleno de Polémicas y Conflictos de Intereses
La licitación para la privatización de la Hidrovía ha generado suspicacias sobre la transparencia y la equidad en la competencia
La licitación para la privatización de la Hidrovía, una de las arterias comerciales más importantes de Argentina, ha estado rodeada de polémicas desde su inicio. El proceso, que busca concesionar la explotación de la vía navegable durante un período de varios años, ha generado suspicacias sobre la transparencia y la equidad en la competencia.
Entre las empresas que se presentaron a la licitación, las firmas belgas Jan de Nul y DEME han sido las que han avanzado en el proceso, lo que ha generado cierta previsibilidad en el resultado. Sin embargo, el proceso ha dejado fuera de competencia a grupos competitivos, como los capitales chinos, debido a los requisitos técnicos y financieros establecidos en las condiciones licitatorias.
Una de las principales preocupaciones que ha surgido es la posibilidad de que se produzcan subcontrataciones y sociedades ocultas que permitan a actores locales quedarse con el control real del negocio. Esto ha llevado a que se cuestionen los vínculos entre los grupos económicos y el poder político, particularmente en relación con el expresidente Mauricio Macri y el actual gobierno.
El Grupo Neuss, históricamente vinculado a licitaciones estatales y con una fuerte expansión en el sector energético y petrolero, ha sido mencionado como uno de los posibles socios ocultos en el negocio. Además, la cercanía entre el magnate de la logística Alfredo Román y el expresidente Macri sugiere un apoyo político estratégico para esta licitación integral que combina dragado y balizamiento.
La interna del Gobierno también juega un papel importante en este proceso. Los hermanos Neuss mantienen un vínculo estrecho con Santiago Caputo, el principal asesor presidencial, lo que podría explicar la fluidez con la que el grupo ha logrado posicionarse en sectores estratégicos durante la gestión actual.
El reparto del negocio también ha generado interés, ya que más allá del dragado principal, el pliego habilita un reparto de tareas donde aparecen otros «dueños del puerto», como Juan Ondarcuhu y Gustavo Elías, quienes se perfilarían como socios ideales para el área de balizamiento.
En definitiva, la privatización de la Hidrovía parece estar configurándose como un punto de encuentro donde las diferencias políticas entre el macrismo y el núcleo duro libertario se disipan en favor de un negocio multimillonario. Bajo la fachada de una licitación internacional, los «socios invisibles» locales se preparan para tomar el timón de la vía navegable más importante de la región.
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