Natación a los 60: el escudo definitivo para cuerpo y mente
La ciencia muestra que nadar después de los 60 protege articulaciones, corazón y mente.


Un análisis publicado en 2026, que reunió a 1.100 adultos mayores de entre 60 y 75 años, reveló que la práctica regular de natación o gimnasia acuática produce mejoras significativas en la capacidad física, cardiovascular y cognitiva. El estudio, realizado por investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba, comparó a los participantes que entrenaban en el agua con un grupo que se limitaba a caminar.
Flotabilidad y bajo impacto
El principal atractivo de la piscina es la flotabilidad: el cuerpo se sostiene sin cargar peso sobre las articulaciones, lo que reduce el riesgo de lesiones y alivia el dolor de la artritis. Para los cordobeses que temen resbalones en la calle o el desgaste de las rodillas, el agua se convierte en un “santuario” donde el movimiento es suave pero exigente.
Fuerza y prevención de caídas
El empuje del agua actúa como una resistencia constante, similar a una máquina de pesas invisible. Los participantes del estudio aumentaron la fuerza del tren inferior y superior en un 20 % después de tres meses, lo que se tradujo en una menor tasa de caídas. La flexibilidad también mejoró, facilitando actividades cotidianas como subir escaleras o cargar bolsas de la compra.
Corazón y metabolismo
En el plano cardiovascular, la natación demostró ser tan eficaz como el entrenamiento en gimnasio. Los análisis de sangre mostraron una reducción del colesterol total y de los triglicéridos, mientras que el HDL (“colesterol bueno”) aumentó. Además, la rigidez arterial disminuyó, lo que protege contra hipertensión y enfermedades del corazón.
Cerebro y bienestar
Los beneficios cognitivos fueron quizá los más sorprendentes. Las pruebas de memoria, tiempo de reacción y atención mejoraron en un 15 % frente al grupo que solo caminaba. La interacción social de la hidroginástica y el efecto relajante del agua también redujeron los síntomas de depresión y ansiedad, elevando la autoestima de los participantes.
Los expertos recomiendan nadar entre dos y tres veces por semana, 40 minutos por sesión, con una intensidad que permita conversar sin perder el ritmo. Alternar ejercicios de resistencia, como patadas con tabla, y circuitos aeróbicos garantiza un entrenamiento integral sin sobrecargar el cuerpo.
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