Desmitificando el pollo amarillo: ¿Es realmente mejor que el pollo blanco?
El color amarillo del pollo no siempre significa que haya sido criado en libertad, sino que se debe a la dieta y a la adición de pigmentos en los piensos.

El pollo es uno de los alimentos más consumidos en todo el mundo, y dentro de este mercado, existe una gran variedad de productos que pueden confundir al consumidor. Uno de los mitos más extendidos es que el pollo amarillo es de mejor calidad que el pollo blanco, debido a su supuesta procedencia de granjas donde las aves se crían en libertad. Sin embargo, la realidad es muy diferente.
La industria alimentaria utiliza pigmentos en los piensos para ajustar el color del pollo a las expectativas visuales del consumidor, lo que puede llevar a pagar más por un producto que, en realidad, no ofrece ningún beneficio nutricional adicional. El color amarillo del pollo se debe fundamentalmente a la dieta, y no a que sea ecológico o de mayor calidad.
La química detrás del color del pollo
La química detrás del color de la carne y la piel del pollo es interesante, pero no tiene nada que ver con su nivel de libertad. Las aves no pueden sintetizar carotenoides, por lo que la intensidad de su color amarillo depende directamente de la cantidad de pigmento que adquieren a través del pienso y de cómo este se deposita en la piel y la grasa subcutánea.
Un pollo que tiene una tonalidad blanca en su carne suele provenir de una alimentación basada principalmente en el trigo o la cebada, que son cereales que prácticamente no aportan carotenoides. Por el contrario, un pollo con la carne amarilla consigue este color a través de dietas de origen vegetal ricas en maíz. Además del gluten del maíz, se utilizan otros ingredientes ricos en xantofilas como la harina de alfalfa y flores como la caléndula o el cempasúchil.
Su nutrición
Desde el punto de vista de la salud, elegir un pollo amarillo frente a uno blanco no aporta ningún beneficio extra. Los análisis disponibles y los tecnólogos de alimentos coinciden en que el perfil nutricional de ambos es completamente equivalente. Expertos y divulgadores científicos aclaran que un pollo más anaranjado significa, sencillamente, que el ave ha consumido más carotenos en su dieta.
La diferencia entre ambos productos es puramente estética y, en todo caso, organoléptica al afectar ligeramente al sabor, pero no supone una variación en su valor nutricional ni en la seguridad alimentaria. Hay otros muchos factores que son más importantes para determinar la calidad del producto, como son el tiempo de cría y el nivel de actividad del animal.
El marketing y la percepción del consumidor
Si ambos pollos tienen los mismos valores nutricionales, ¿por qué la industria se esfuerza en pigmentarlos? La respuesta es neuromarketing y percepción visual. Los productores agregan pigmentos como la luteína y la zeaxantina al pienso porque el consumidor asocia instintivamente el color amarillo brillante con un estado de mayor salud y frescura, aunque no cuente con las certificaciones que lo cataloguen como un pollo campero.
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